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25/12/2018 | #N68186
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Falleció el historiador Osvaldo Bayer.

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Comentarios de este texto:

@VIVIANSIL

25/12/2018
#F660676

El adiós a Osvaldo Bayer, que falleció a los 91 años
Vida, obra y militancia en una misma persona
Periodista, escritor, dirigente sindical, defensor de los derechos humanos, todo eso y mucho más fue Osvaldo Bayer. No había causa popular en la que no dijera presente. Columnista de Página/12 desde los inicios del diario, fue autor de libros imprescindibles, como La Patagonia Rebelde y la biografía de Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia. y su palabra seguirá vigente mientras exista la injusticia.
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La patria de Osvaldo Bayer es la rebeldía. “Me he propuesto no tener piedad con los despiadados. Mi falta de piedad con los asesinos, con los verdugos que actúan desde el poder, se reduce a descubrirlos, dejarlos desnudos ante la historia y la sociedad y reivindicar de alguna manera a los de abajo, a los que en todas las épocas salieron a la calle a dar sus gritos de protesta y fueron masacrados, tratados como delincuentes, torturados, robados, tirados en alguna fosa común”, explicó el queridísimo periodista, historiador y escritor, que tuvo acaso un último “gesto” de rebeldía: morir el día de la Nochebuena, a los 91 años, en “El Tugurio”, su casa sobre la calle Arcos, en el barrio de Belgrano. El viejo rebelde, que prometió que viviría hasta los 100 años, deja una obra fundamental para la cultura política argentina: La Patagonia Rebelde y la biografía de Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia. Osvaldo vivió luchando por un país más democrático e igualitario desde muy joven, cuando denunció la explotación y muerte de peones rurales en la Patagonia y demostró cómo las familias patricias y los sectores dominantes oprimen a los obreros y trabajadores. Siempre alzó la voz con coraje, valentía, coherencia y una ética que lo convierten en el último gran anarquista del siglo XX. Las amenazas, la persecución y la censura de la Tripla A lo obligaron a exiliarse en Alemania, desde donde denunció el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar.
 
 

@CARLOS_MARIANO

25/12/2018
#F660677

Hola Vivi, es una pérdida importante, aunque toda su obra, su capacidad y compromiso seguirán vigentes. Era llamativa la humildad que tenía. Me reía escuchando sus anécdotas de cuando compartió exilio con Osvaldo Soriano, otro grande.

Gracias por traerlo.  

@OLINDA2014

25/12/2018
#F660678

Que pena grande, recuerdo en una cena con Floralis tuvimos el honor y  el estaba en una mesa cercana...y con que humildad aceptaba las fotos y saludos. Un grande!.

Gracias Viví, por compartirlo.  

@CECILYA

26/12/2018
#F660702

GRACIAS VIVI POR LA NOTA

NUESTRO VIEJO

Hace semanas que Osvaldo tenía necesidad de partir. No aguantaba no estar haciendo nada, sentado en su casa en el Tugurio. Quería hacer sus valijas. Se despertaba, asegurando que tenía que salir a un congreso para debatir sobre derechos humanos, que lo esperaban en tal pueblo remoto de la Pampa para hablar del cambio de nombre de la calle principal que llamaban por el genocida de indios innombrable, o que lo convocaban de una escuelita en la Puna jujeña, por la que nunca había pasado nadie, pero él no podía faltar para hablar sobre los derechos de los pueblos originarios. Al mismo tiempo lo esperaban en la Universidad en Berlín y en la asamblea de un sindicato patagónico. Tenía que estar.

Preguntaba por su valija, si el pasaporte y el pasaje estaban a mano. Con Claudia, la gran compañera que cuidaba de él en estos últimos años, desarrollamos códigos para convencerlo de que debía postergar el viaje. Hoy no aceptó dilaciones. Decidió partir. Como buen anarco y para joder a todos los que prendíamos las velas de un arbolito verde, eligió la fecha exacta. Lo constataron entre lágrimas las nietas en Hamburgo: el abuelo se fue jodiendo a la iglesia. En su ley.

Estoy convencido de que sus prisas se debieron a la realidad del país. Había asegurado que iba a llegar “molestando”, como decía, hasta los 100 años, uno menos que su querida tía Griselda de Santa Fe. Le respetaba los años. Pero la realidad lo venció, ya no tenía explicaciones por lo que leía en los diarios y escuchaba en las calles.

Ahora estaba necesitado de conocer más verdades. Las terrenales las había denunciado. Andaba queriendo discutir con los que nunca pudo: siempre quiso debatir con Severino el tema de la violencia y el derecho de matar el tirano, él que era pacifista y sin embargo entendía lo que hizo; con Antonio Soto debatirá el deber de respetar las decisiones de las asambleas, aunque sea que eligieran la muerte; esperaba encontrarse con Simón Radowitzky y con ese personaje que lo fascinó como Kurt Gustav Wilckens, nacido a pocos kilometros de donde estoy escribiendo estas líneas urgentes; en la agenda, ineludible, estaba la reunión con Arbolito, uno de los primeros justicieros de la república naciente. No tenía tiempo para esperar porque tiene que sentarse a tomar un café con su compañero Rodolfo, con su amigo Haroldo, con Paco. También quiere anotar la historia de la desaparición y asesinato de Klaus, porque la de Elisabeth ya la había descubierto y denunciado.

Pero, sobre todo, esperaba poder juntarse con todos los anónimos que lucharon por creer en una justicia terrenal, por no haber claudicado, por no darse por vencidos. A esos anónimos que luchan todos los días. Sin aparecer en los diarios. A esos a los que el viejo siempre escuchó y les dio voz.

Viejo querido, gracias por todo lo que nos enseñaste, como hijos, como militantes, como ciudadanos, como seres humanos.

Un abrazo, como el último que nos dimos hace apenas una semana.  




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